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Por qué ya no saco fotos ni videos de mis clases de yoga

Un día me senté a observar por qué me sentía incómoda registrando mis clases en foto o video. Me habían dicho que era necesario para crear contenido, crecer con la escuela y sostenerla en el tiempo, además de ser algo que muchos profesores estaban haciendo.Pero aun así, algo no me hacía sentido.


Me pregunté: ¿qué es exactamente lo que me incomoda?¿Qué estoy haciendo yo en ese momento? Y con el tiempo, la respuesta fue apareciendo.


El yoga es una disciplina interna.Tradicionalmente se ha practicado en recogimiento.

En el Hatha Yoga Pradipika (capítulo 1, sobre la transmisión del yoga) se señala:

“El conocimiento del yoga debe mantenerse en secreto y ser transmitido con cuidado a quienes están preparados para recibirlo.”

Y también:

“El éxito en el yoga se obtiene cuando se mantiene en reserva; cuando se divulga indiscriminadamente, pierde su poder.”

Estas ideas apuntan a algo central: el valor de la práctica no está solo en lo que se hace, sino en el contexto en el que se sostiene.


Sin embargo, hoy las redes sociales han cambiado ese contexto: la clase puede volverse también un espacio de registro constante en foto o video.A veces el profesor registra su propia práctica, y a veces registra a los alumnos. Finalmente ocurre que los alumnos terminan más pendientes de la imagen que de la experiencia.


De estas dos situaciones, considero más delicada la segunda: cuando se expone a los alumnos.Un profesor puede decidir mostrar su propia práctica, con todo lo que eso implica, pero otra cosa es exponer a quienes están en un proceso formativo, muchas veces sin haberlo elegido plenamente o sin dimensionar lo que implica. Ahí aparece una responsabilidad distinta.


Patanjali define el yoga en su segundo sutra: yogaś citta vṛtti nirodhaḥ. El yoga es la cesación de las fluctuaciones de la consciencia. Cuando la atención está puesta en la imagen, en cómo se ve o en cómo será percibido, esa misma mente sigue en movimiento hacia afuera. En mi caso, eso interfiere con la enseñanza y con la calidad de presencia que quiero ofrecer.


Para mí, hoy, el desafío es volver a lo esencial del yoga. Acompañar a los alumnos hacia una experiencia interna, incluso si eso no es lo más visible o lo más viral.


No se trata de rechazar las redes, sino de encontrar una forma de usarlas sin que desplacen el sentido de la práctica. Probablemente eso implique reservar espacios específicos para registro en foto o video, que no interfieran con la clase misma ni con la práctica personal.

 
 
 

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